¿Le gusta la música a todo el mundo?

La música es una pasión universal. Los instrumentos, las armonías y dentro de ellas las melodías cambian según los lugares, los tiempos y las culturas, todas las sociedades humanas conocen y aprecian la música.

Pero respondiendo a la pregunta del título, se podría decir que ¿le gusta la música al 100% de la gente?. La respuesta es no. Para aquellos que experimentan la “anhedonia musical”, escuchar una canción está a medio camino entre aburrir y distraer, o al menos eso es lo que refleja su actividad cerebral. Las canciones de amor y angustia no les hacen llorar, las composiciones clásicas complejas no les sorprenden, los ritmos intensos no les dan ganas de bailar.

Aproximadamente del 3 al 5 por ciento de la población mundial tiene una apatía hacia la música. Es lo que se conoce como anhedonia musical específica, diferente de anhedonia general, que es la incapacidad de sentir cualquier tipo de placer y que a menudo se asocia con la depresión. De hecho, no hay nada intrínsecamente malo con los anhedónicos musicales; su indiferencia hacia la música no es una fuente de depresión o sufrimiento de ningún tipo.

La gran mayoría de las personas que disfrutan de la música muestran un aumento en el ritmo cardíaco o la conductancia de la piel, donde la piel de una persona se convierte temporalmente en un conductor de electricidad en respuesta a algo que encuentra estimulante. Sin embargo, las personas con anestesias musicales no muestran ningún cambio fisiológico al escuchar música.

Mientras tanto, en los cerebros de las personas hiperhedonicas, personas en el otro extremo del espectro musical,vemos la mayor transferencia de información entre las partes auditiva y de recompensa del cerebro. “Esto demuestra que la experiencia que tiene para la música está vinculada a este tipo de patrón de respuesta neuronal: cuanto más la tenga, más interacción habrá entre esos dos sistemas, más probabilidades tendrá de sentir placer con la música”.

La música, entonces, no toca nuestro cerebro racional y analítico, sino nuestro cerebro emocional. ¡Esto explica por qué Beethoven pudo hacer bien música después de quedarse sordo!

Al estimular las emociones, la música influye en nuestra producción de hormonas : las hormonas del bienestar, incluida la dopamina y la testosterona se producen cuando escuchamos una canción que nos gusta.

La música en general es una fuente de salud para el organismo, tal vez por ello gusta a casi todo el mundo.

Un comentario

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.