Bach. Parte III

Bach no fue tan ignorado en vida ni olvidado tras su muerte como tantas veces se ha dicho. La fama transcendió ampliamente los límites del reducido espacio geográfico en que transcurrió su peripecia vital y profesional(Turingia y Sajonia). Fue, no obstante, un reconocimiento limitado a su dimensión como organista y compositor de música para teclado y sólo en el siglo XIX se comenzó a rescatar sistemáticamente su obra. La pionera labor de Félix Mendelssohn y la desgraciada pérdida de una parte de sus composiciones, tarea culminada bien entrado el siglo XX. Paralelamente, su figura se vio enmascarada con una aureola mística, nacionalista y romántica de la que sólo se ha desprendido en el último medio siglo, apareciendo finalmente ante nuestro ojos como un hombre de su tiempo, un ser de carne y hueso con preocupaciones idénticas al común de los mortales, de la mejora de su estatus social y el aumento de sus ingresos a la inquietud por el hijo alocado, que cumplía con su trabajo, aunque recurriendo a alguna que otra triquiñuela cuando la tarea le agobiaba y que, pese a poseer una sólida formación religiosa, (lo que no era excepcional en la época), no quiso ser preferentemente compositor de música sacra.

Sus orígenes familiares determinaron su dedicación profesional. Y, siguiendo la tradición, habría de ser en el seno de la familia donde recibiera su primera formación.

Para 1740, Bach estaba luchando con su vista, pero continuó trabajando a pesar de sus problemas de visión. Incluso fue lo suficientemente bueno como para viajar y actuar, visitando a Federico el Grande, el rey de Prusia en 1747. Tocó para el rey, inventando una nueva composición en el acto. De vuelta en Leipzig, Bach refinó la pieza y le dio a Frederick un conjunto de fugas llamado “Ofrenda musical”.

En 1749, Bach comenzó una nueva composición llamada “The Art of Fugue”, pero no la completó. Trató de arreglar su vista deficiente al someterse a una cirugía al año siguiente, pero la operación terminó dejándolo completamente ciego. Más tarde ese año, Bach sufrió un derrame cerebral. Murió en Leipzig el 28 de julio de 1750.

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